10/11/11

¡Ay, Felipe de mi vida!


Hace unos días comí con Felipe González.
Bueno, no con él, pero sí junto a él. Lo suficientemente cerca, el tiempo suficiente y con la atención necesaria como para reflexionar acerca del actual escenario político, compararlo con el que disfrutamos/soportamos hace algunas décadas y extraer algunas conclusiones.
La primera de ellas es que -al margen de los méritos y aptitudes de González como gobernante, de su trayectoria como gestor, de su catadura moral o de su integridad como ideólogo- Felipe es el mejor político español de los -al menos- últimos ochenta años. El prócer socialista reúne, como nadie lo ha hecho, carisma, seguridad, atractivo y oratoria, las cuatro características esenciales del líder que le permitieron en su día -y todavía hoy- imponer sus tesis personales como certezas incuestionables, obtener un nivel de confiabilidad y respeto -entre propios y extraños- nunca conocido, y alcanzar de los suyos un grado de fidelidad y compromiso rayano al acto de fe.
Esta exhibición de poderío me lleva a la segunda de las reflexiones: por encima de la crisis económica, de confianza, de valores y sistémica se esconde una crisis de liderazgo. No sólo en el PSOE, no sólo en España, sino a nivel global. Lejos de afrontar un duelo de altura, las papeletas que se nos ofrezcan el 20N -y en las elecciones del resto de países de la UE- nos obligarán a optar entre lo malo y lo peor. Existe la percepción generalizada de que ninguno de los candidatos a habitar la Moncloa (u otros casoplones por el estilo) dejará una huella imborrable en la historia; de que estamos asistiendo a contiendas entre segundos espadas que en nada se parecen a aquellas en las que medían sus fuerzas Suárez, González, Aznar o Anguita; de que cada vez echaremos más de menos a Helmut Kohl, a François Miterrand o a Bettino Craxi (ni defiendo el cualquier-tiempo-pasado-fue-mejor ni soy partidario de la política-ficción, pero dudo de que los mercados se hubieran atrevido a retar a los líderes europeos de hace veinte años como lo están haciendo ahora).
La política, por encima de los partidos, se sustenta en las personas. En su capacidad de apasionar, de cohesionar, de conducir, de decidir y de convencer, y eso me acerca hasta la tercera -y última- de mis reflexiones: Rosa Aguilar nunca formará parte de la gran familia socialista. El almuerzo electoral de hace unos días fue un reencuentro de viejos amigos en el que contarse las canas y comparar las cicatrices -la mayoría, de heridas recíprocamente infligidas-, donde exhibir las armas y reclamar espacios, donde renovar promesas de lealtad y abrigo. Un momento idóneo para sacar de la cartera fotos amarillas en las que nunca aparece el rostro juvenil de esta recién llegada, una ocasión para recordar a antiguos compañeros y para rememorar otras comidas en otros lugares a los que jamás fue invitada. Y es que, si los viejos amigos no se olvidan, los viejos enemigos, menos, y nunca es tarde para servir un sorbete de venganza bien helado.
Los estrategas que, tras catorce o quince años de retiro espiritual y a punto de cumplir los setenta, planearon este regreso al pasado de Felipe González con la intención de aupar a Rubalcaba, no repararon en que Isidoro, que no sabe hacer de actor secundario, es un telonero que se lleva al público con él cuando se retira, como en Hamelin, después de hacer sonar la flauta, sin importarle que la reina del baile se encuentre de cuerpo presente -aunque de espíritu ausente- sin flashes que la encandilen, aplausos que la estrechen y miradas que la escuchen.
González vino para hacer crecer a los suyos y va a terminar pasándoles por encima. Que cada cual saque sus propias conclusiones.

5 comentarios:

miguel navazo dijo...

En este árticulo, si tengo más diferencias, yo sosoy de los que nunca Felipe G onzalez me echizó con su magia, siempre fué profundamente anticomunista, siempre trabnajo a favor de los grandes intereses políticos del momento Alemania y EEUU, era el peón latino que alejara y hundiera cualquier posibilidad de cambio social en España, teniamos que conformarnos con una mejora DE LAS INFRAESTRUCTURAS "MODERNIZACIÓN "

José Luis Arranz dijo...

No he intentado analizar la forma de gobernar de González, sino sus dotes para la política: su carisma, su capacidad de liderazgo, su oratoria...
Felipe González fue capaz de convencer a millones de españoles de lo mala que era la OTAN ("OTAN de entrada, no") y, meses después, de lo buena que era ("Vota sí, en interés de España").
Las dos veces triunfó -como un buen político- y las dos veces mintió -como un mal gobernante-.

miguel navazo dijo...

De acuerdo, de acuerdo, precisamente en el engaño de la Otan fué donde se vió con claridad hacia donde iba el socialismo español.

Gerardo Pedros dijo...

Bueno Felipe Gonzalez es el político que por su perfil se adapta a lo que imponen los Media, con las cualidades que recoges Jose Luis. Contó con el gran aliado del grupo PRISA para machacar a Anguita e Izquierda Unida.

fus dijo...

Hay que tomar el pulso de un polìtico dentro del espacio y el tiempo.Aquellos años no era fàcil gobernar un pais donde los pilares estaban faltos de derechos humanos, justicia y libertad.Una reconversiòn agresiva, dejò toda una España abonada para sembrar y esperar la recolecciòn, es lo que hizo Aznar en sus años de gobierno.Creo que Felipe fuè y es un estadista sobresaliente.

un fuerte saludo

fus