28/7/11

Sálvese quien pueda

Tengo un primo que es un alto cargo en una consejería. Bueno, en realidad es primo segundo de mi cuñado y no tiene cargo (y ni siquiera es alto), pero desayuna donde el delegado y me tiene al tanto de las inquietudes del personal. Me cuenta Manolo que las plantillas están revueltas -sobre todo de mitad del escalafón para arriba- a la espera de lo que puede venir. Y más teniendo el referente cercano de lo que está pasando en los ayuntamientos y en las diputaciones.
Muchos de los que antes sacaban a ondear el carné del partido y se besaban el escudo de la camiseta cuando el jefe marcaba un gol, ahora presumen de méritos y profesionalidad, y defienden que ocupan una dirección general, una jefatura de área, una gerencia o algo similar sólo por su currículum laboral, y que nada influyó en su nombramiento el ser íntimos del secretario de organización de turno.
Hasta las afecciones y las desafecciones nacen, crecen, se reproducen y mueren. Mi primo (bueno: Manolo) me cuenta que ha visto a alguno partir en dos un carné (de los plastificados) en acto de pública apostasía, y presumir de la antigüedad de su nueva camisa a quien apenas le llega al cuello.
Y es que el instinto de supervivencia nos enseña a alejarnos del árbol que nos protege cuando advertimos que le va a partir un rayo, y nos conduce a buscar refugio bajo otras hojas. Cuando buena parte del bosque está ya carbonizado, los que se habían habituado a disfrutar de la mejor sombra pasean -sin pudor- su pánico a la intemperie.
Todos buscan una nave en la que embarcar -la tripule quien la tripule- y se ciscan en la frase de Méndez Núñez. No sé qué de las honras, de los barcos... y de la vergüenza.

15/7/11

Peligro: chevauchée

En el s. XIV, Eduardo III -rey de Inglaterra-, decidido a terminar la guerra con Francia por la vía rápida, recuperó una vieja táctica militar, la chevauchée, que consistía en enviar a una fuerza de élite -integrada por nobles caballeros- a asolar las aldeas desprotegidas, sembrar el pánico entre la población indefensa, asesinar a los campesinos, violar a sus mujeres, saquear, robar y quemar las tierras y las casas. Este imperio del terror dio sus frutos, aunque la guerra duró más de cien años.
En el s. XXI, a pesar de que en Europa los conflictos afortunadamente ya no son bélicos y de que las conquistas se sustentan en otros criterios y persiguen otros objetivos, seguimos sufriendo estas cabalgadas. Las chevauchées de nuestros días están protagonizadas por individuos de chaqueta y corbata que, subidos en AVE, en mystère o en coche oficial, acosan a los incautos aldeanos, les hacen promesas, los embaucan, obtienen lo que habían venido a buscar y regresan a sus cuarteles de invierno.
Ya no son nobles a caballo, pero siguen siendo la élite y continúan provocando el desconcierto entre la población.

10/7/11

Los políticos y la anosmia

Como regla general, las capacidades, las virtudes y las cualidades de los individuos (e incluso de los grupos humanos) no se valoran hasta que desaparecen, hasta que la realidad deja de parecerse a su recuerdo. Ocurre con la vista, con el oído o con la resistencia física -cuyo deterioro es evidente-, pero no con el olfato. La anosmia, la pérdida de la habilidad olfativa, sólo se reconoce cuando se supera.
Un día, alguien te advierte: “-Huele a gas” y tú le miras con cara de “-Pues yo no he sido”, porque no tienes ni idea de qué te está hablando; o alucinas cuando a tu acompañante se le trasmuta el rictus embriagado por el presunto aroma a dama de noche que tú sólo aciertas -y vagamente- a recordar. Pero, aún así, no llega a ser un problema, porque la nariz -a diferencia de los ojos o los oídos- parece no trabajar a jornada completa y, además, con un rol de fuente de información subsidiaria (o, cuando menos, complementaria) que le condena a la triste y humilde prescindibilidad. Sólo cuando la anosmia se reduce a un síntoma tachado en un historial médico, los aromas (cotidianos y exóticos, dulces y acres, fragantes y pútridos, frescos y añejos) recuperan su protagonismo y se incorporan al álbum de los sentidos; como aquella fotografía que -amarilla- aparece entre las páginas de un libro, para rescatar de la memoria el sabor de la sal, el olor del alcanfor y los ecos apagados de una pista de baile.
La anosmia es un mal que afecta frecuentemente a los políticos (casi siempre, a los más veteranos) del gobierno o de la oposición. Esta pérdida de olfato les conduce, una y otra vez, a recaer en los mismos errores y desencuentros frente al colectivo al que creen representar. Tampoco en esta variante, la anosmia es detectada por el paciente hasta que el redescubrimiento del olor anuncia el final del problema. Hasta que eso ocurre, gobernantes y aspirantes se mantienen indiferentes al hedor que a menudo les acompaña.
Cuando lo huelen, siempre es demasiado tarde.

13/1/11

Duranes y Rascones


De las luchas intestinas que nos están brindando los partidos políticos, se extrae una conclusión contundente: el fútbol y la política son dos cosas diametralmente opuestas.
A principios de este siglo, Florentino Pérez, cuando fichó a Zinedine Zidane y cuando subió al canterano Francisco Pavón al primer equipo, reveló su fórmula mágica para conseguir que un grupo de personas alcance sus objetivos y metas: hacen falta zidanes y pavones. O, dicho de una manera menos diplomática, es necesaria la concurrencia de primeros espadas y de subalternos para completar una buena faena. En apariencia, esta estrategia tendría que ser igualmente válida aplicada a otros ámbitos, y, por qué no, también a la política; pero la experiencia nos demuestra que no lo es.
Cada vez que toca elaborar una lista electoral, los que están facultados para ello -¿qué es eso de que se acepta la voluntad de las bases?- deciden quiénes son zidanes y quiénes pavones: quiénes ocuparán las planchas de salida y quiénes tendrán que conformarse con viajar en los vagones de cola (o incluso quedarse saludando desde el andén).
En teoría, a la hora de elaborar una alineación, el míster sólo utiliza criterios de eficacia y efectividad: los que dan juego y meten goles, al césped; el resto, al banquillo. Pero la política y el fútbol no se parecen en nada, y quizás no tengan porqué hacerlo. El problema sólo aparece cuando los pavones quieren ser zidanes (o sea: siempre) y tienen la suficiente influencia sobre el entrenador como para que cambie el once titular (esto ocurre, sobre todo, cuando el último partido se perdió por goleada).
Ahora, zidanes y pavones andan a la gresca (“-Quítate tú que me pongo yo”, “-Eres un chupón y sólo piensas en tus intereses”, “-Tuviste tu oportunidad y has fallado a puerta vacía”, “-Vamos derechos a segunda división”...) ante el pasmo general del respetable. Es verdad que los aspirantes a números uno no exhiben en su currículum una volea mágica que garantice una champion, pero también lo es que los que se resisten a dejarlo tampoco tienen las vitrinas repletas de trofeos. Lamentablemente, en el actual panorama político juegan muy pocos Balones de Oro.
Al final, a Zidane sólo se le recuerda por aquel cabezazo de impotencia, y Pavón sigue buscando un equipo que le permita volver a vivir cómodamente del fútbol.

9/9/10

¡Ay, de los vencidos!

Todos tenemos dos caras. Todos somos dos en uno, como Raúl Navas. Uno, el villano que cayó fulminado por el rayo, y otro, el héroe que detuvo un penalti como un trueno.
El deporte es muy dado a esta circunstancia: el mismo que un día sale a hombros, huye el siguiente protegido por el escudo de un policía nacional. Un resbalón derroca a un Reina; por un mal día te amputan la mano de Dios.
Pero de los que yo quería hablar no juegan a la pelota, sino que se recuestan a la sombra del poder.
Creo en la rivalidad y en la competencia; ni siquiera sugiero que las batallas tengan que ser leales y ajustarse a las reglas de la caballería. El quítate tú que me pongo yo es absolutamente legítimo (el que estaba, ya se “ocupó” del anterior en su momento, y el que llega más alto es el que adorna su revólver con más muescas) y los políticos son conscientes de que llevan dos trajes en la maleta: el del triunfo y el del fracaso.
Lo que chirría es el clamor de la grada. Es asombroso constatar cuánto se pueden hinchar las velas cuando el viento sopla por la popa... y con qué facilidad amaina el siroco y te encuentras sólo, con dos remos, intentando bogar contra la corriente.
Admito los cambios de opinión (si al portero pararrayos se le doblan los manos, habrá que sustituirlo), pero no comprendo al que grita sin saber por qué grita; bueno, sí: porque le han pedido que grite. En la política, las cañas su tornan lanzas con demasiada frivolidad, sin atender méritos ni deméritos, virtudes ni defectos.
No soy tan ingenuo y sé que no hay amigos para siempre, que se pide la vuelta al ruedo sin haber visto la faena a cambio de un brindis igual de insincero. Pero, cuando las cartas vienen mal dadas y hay que abandonar el campo de batalla con las orejas gachas, qué bien sienta encontrar en el destierro algo de cariño, alguien que te eche el brazo por los hombros y te diga “-Hasta aquí hemos llegado”.
Dicen que los políticos están hechos de otra pasta. No lo dudo, ¿cómo si no iban a soportar ver a su ejército luciendo el uniforme de quien le derrotó? Será que recuerdan que la deslealtad sólo es cuestión de tiempo y que ellos también pagaron a aquel escuadrón de mercenarios.
Sólo entonces se retiran sonriendo a quien aparece, a lo lejos, con otros treinta siclos de plata.

16/7/10

Agur, Cajasur

De Cajasur el culebrón cesó.
Terminaron las especulaciones
cegados los oídos con cerones
cuando el Banco de España se reunió.

No valieron las recomendaciones,
ni se oyó el barritar del elefante.
No dejaron cantar la voz cantante,
ni contaron estrellas o galones.

Por mucho que sonara altisonante
la oferta de Unicaja era a la baja
y el bluf de Cajasol, una mortaja
(eso sí, de diseño y elegante).

No verán estos ojos la gran caja
que tú, Griñán, con obsesión anhelas.
No habrán de titilar aquellas velas
que el clérigo apagó sin ver la alhaja.

Mudará los bonetes en chapelas
en vez de una paloma, un txantxangorri.
Egun on, BBK. Ongi etorri.
Agur, Cajasur de mis entretelas.

29/9/09

Sobre mi estado de ánimo. Soneto.

Repuesto de las fotos de las niñas.
Resacoso de fastos de Eutopía.
Harto de verle el fondo a la alcancía.
Herido de Karmeles y Mariñas.

Pifiado de senyeras e ikurriñas.
Cansado de silbar frente a la vía.
Abrumado de flores a porfía.
Huérfano de motines y de riñas.

Anhelante del vino y de las rosas.
Preocupado por las “realzas” de enero.
Ahíto de ocurrencias talentosas.

A la busca de un foro de foreros,
que tenemos que hablar de muchas cosas.
Compañero del alma, compañero.

22/7/09

Elegía a Cajasur

Después de tanto luchar Castillejo...
Después de tantos pulsos superados,
de tantos afectos desafectados,
de quintacolumnistas de Consejo...

Tras zamparse a Mellado y a Castilla,
tras jugar al frontón con Magdalena,
tras amputar los miembros con gangrena
y llegar a Madrid yendo a Sevilla...

Después de combatir la Ley de Cajas...
Después de tanto porfiar con Chaves,
claudica el sucesor, rinde las llaves
en pleno mes de julio y en rebajas.

Por mor de auditorías y amenazas,
todo encaja en la caja de Medel.
Hallóse cura contra el cura aquel
doctor honoris causa en calabazas.

¿Do duermen las cuitas? ¿Do queda el llanto?
¿Do fueron los augurios lastimeros?
¿Quien defiende el “-Se llevan los dineros”?
¿Quién entona el “-No me quieras tanto”?

¿Por qué lo que, hasta ayer, era un expolio
hoy bendice la curia en los altares?
¿Por qué ahora se adorna de alamares
el luto del terror al monopolio?

Hoy ceden detractores y papistas.
Hoy aplauden quienes vociferaban.
Hoy nieva sobre los que calentaban.
Hoy vitorean viejos pesimistas.

Cajasur quedará para la historia
como el reducto que entregó su brillo
cegado por el polvo del ladrillo.
Llegan tiempos de paz. Y, después, gloria.

8/7/09

¿De qué se ríe Cristiano Ronaldo?

Reconozco que mi primer impulso, nada más conocer los detalles del fichaje de Cristiano Ronaldo por el Real Madrid, fue -como el de todos los blogueros- sentarme delante del ordenador y marcarme un par de folios. Luego recapacité y me dije “-No. Yo no voy caer en la trampa del Florentino”. Pero los días siguen pasando, y los medios de comunicación (muchos) y los aficionados (miles) mantienen al futebolista encumbrado en su altar; un altar que refulge iluminado por la sonrisa de CR7. Pero ¿de qué se ríe Cristiano Ronaldo?
Quedará algún madridista que continúe defendiendo el fichaje, pero el sentido común cada vez deja menos margen al elogio. Lo de Cristiano Ronaldo es una aberración.
En el verano de 2003, el Manchester United apostó parte de los 25 millones de euros que desembolsó el Real Madrid por David Beckham para probar suerte con un futbolista portugués de dieciocho años prácticamente desconocido. Invirtió 18 millones de euros, y la jugada le salió redonda: ha disfrutado de los mejores seis años de Cristiano Ronaldo y, cuando comienza a bajar en su rendimiento, lo vende por 94 millones. (Un paréntesis: Beckham jugó en el Madrid cuatro ligas y sólo ganó una, la última, la que se pasó en el banquillo; al final, el club de Florentino no pudo venderlo y tuvo que dejarlo ir sin ganar un solo duro en la operación)
¿De qué se ríe el Manchester? O mejor ¿de quién? Está claro. Con 94 millones de euros se pueden comprar muchos jugadores promesa, que ya vendrá algún tonto con dinero a pagar cinco veces su precio cuando ya no sea interesante. 94 millones de euros son muchos millones. Es el presupuesto para el 2009 del ayuntamiento de Toledo, es el presupuesto del Sevilla CF para la temporada 2009-10, es lo que vale comprar el Tottenham... Cualquier gestor espabilado compondría una plantilla con la que no hacer el ridículo en la Champion gastando la mitad de lo que el señor Pérez le ha soltado al club inglés.
Ya sabemos, por lo tanto, de qué se ríe Ferguson. Pero ¿de qué se ríe Cristiano Ronaldo? Muy fácil: el Real Madrid va a pagar al pelotero de Madeira trece millones de euros al año -un millón de euros al mes- por vestirse de blanco. Ronaldo no le ha podido quitar el '7' a Raúl, pero sí ha conseguido cobrar el doble de lo que percibe su capitán. El tesorero del Madrid tiene una partida en sus presupuestos -la CR9- para reservar 13 millones de euros para la nómina del futbolista; la ministra de Hacienda tiene otra partida en los suyos -la CR09- para enviar a Ciudad Real 12,5 millones de euros con los que pagar las 66 obras que le han correspondido de los fondos FEIL, que darán trabajo a 460 personas.
Nadie vale 94 millones y nadie debe cobrar 13 millones de euros al año por jugar al fútbol. Y Cristiano, tampoco. Si lograra repetir sus números de la temporada pasada, por cada partido que disputase (jugó 71) ingresaría más de 180 mil euros, y cada gol que obtuviese (marcó 34) le saldría a su club por 380 mil. (Otro paréntesis: Forlán consiguió 32 goles en la liga -Ronaldo, 18-; Messi hizo 9 tantos en la Champion y 6 en la Copa -el portugués, 4 y 2-)
De eso se ríe Cristiano Ronaldo: de los sueldos de los 80 mil mileuristas que le aplaudieron en el Bernabéu; de los halagos de los periodistas a los que pronto va a despreciar (e incluso a agredir), de los abrazos de Florentino al que abandonará en cuanto le llegue otra oferta más interesante, de las mocitas madrileñas que van alegres y contentas (véase el glorioso himno) a comprar camisetas, colonias, zapatillas... para que quienes las pasean en moto se parezcan a su ídolo.
En lo único en lo que le doy la razón al Pérez es que a CR9 le sienta bien la camiseta blanca. Por lo menos para ilustrar esta otra estrofa del himno merengue:
¡Hala Madrid!
Enemigo en la contienda,
cuando pierde da la mano
sin envidias ni rencores,
como noble y fiel hermano.

3/7/09

Cerremos Garoña

Aunque sólo sea por estética, cerremos Garoña. Por lo que representa.
Garoña representa el pasado. Un pasado de ministros de camisa azul con banda cruzada al pecho que presumían de autarquía, régimen y prosperidad.
Garoña representa el derroche. Representa la voracidad energética que no duda en multiplicar los watios por kilos, por megas, por gigas... y ya inventaremos máquinas para consumirlos.
Garoña representa el chantaje. El temor a que se agoten los cheques, las nóminas y los subsidios lleva décadas ocultando aterradores informes sanitarios y concluyentes estadísticas sobre la incidencia de la radiación en la salud de los habitantes de la comarca.
Garoña representa el egoísmo. ¿Es esta la herencia que queremos legar a las generaciones futuras? ¿Un medio ambiente esquilmado, contaminado, agotado, inhabitable...?
Y, por si fuera poco, los escasos argumentos que se aportan a favor de su continuidad son falsos o están tendenciosamente manipulados:
Mienten quienes dicen que el cierre de Garoña nos hará depender de Francia en materia energética. ¿Acaso esos escasos cuatro mil gigawatios son la salvación? Y, si fuera cierto, ¿por qué estamos exportando energía a Portugal y a Marruecos?
Manipulan quienes aseguran que el cierre de Garoña se notará en el recibo de la luz. ¿Subieron -especialmente- las tarifas tras el cierre de Vandellós (en 1990) o de Zorita (en 2006)?
Ocultan la verdad quienes declaran que Garoña es una central segura. ¿Ya han olvidado los innumerables 'pequeños' incidentes, los vertidos de aguas radiactivas al Ebro, las nueve paradas no programadas que se han registrado en lo que va de año? Varios componentes internos de la vasija del reactor sufren agrietamiento múltiple por corrosión, que ya afecta al 70% de las canalizaciones del sistema de frenado de la reacción nuclear.
Ponen en duda su propia credibilidad quienes certifican que las centrales nucleares no contaminan. Hay estudios más que suficientes para, al menos, ser prudentes y cuestionar la inocuidad de las emisiones, y para poner en duda nuestra capacidad de neutralizar los vertidos, los residuos y los desechos.
Podemos vivir sin Garoña, una instalación diseñada (con la tecnología de 1966) para resistir 40 años, y dimensionada (bajo los parámetros de viabilidad económica de 1970) para ser amortizada en 40 años.
Garoña ha cubierto su etapa. Gris, sucia y despreciable. Ahora toca cerrar Garoña.